Al caminar por el monte, fijándose a veces e incluso sin fijarse…uno puede saber muchas cosas de lo que ha ocurrido a nuestro alrededor. Y cuando digo saber, hablo también de leer, intuir o adivinar.
Perfectamente podemos pasar por una senda, haber sorteado piedras, margenes, esquivado incomodas zarzas…y sin saberlo, estar siguiendo el mismo camino que recorrió la escurridiza liebre hace escasos 20 min. O como la situación que vivió un servidor, un buen día de pascua en el cual, como es típico, la familia realiza una escapada para pasar el día fuera de casa y romper la barrera de la rutina y de la monotonía.
Ese dia, como ya casi era tradición por estas fechas, fuimos a comer y merendar al lugar al que catalogaron los mayores como “monte” que no era más que un sitio alejado del pueblo, cercano a una carretera y a un puente. Eso de “ir al monte” a los más jovencicos de la familia, nos ilusionaba pues sonaba como..a “aventura”. ¿Qué queréis…? la inocencia…!
Resultó darse el día muy bien hasta que un familiar cayó en un extraño agujero en el suelo, lesionándose el tobillo. Cerca de ese mismo sitio…la tierra húmeda por el agua de la lluvia de esos días aparecía como removida, levantada…los márgenes ya antiguos estaban destrozados, y en el suelo, no muy lejos de esa zona, llamaban la atención unas huellas de “cabra o algo”.
La boca abierta de par en par se me quedó cuando los mayores nos dijeron que esas extrañas cosas…no eran ni mas ni menos que marcas y señales de jabalí. Toda esa zona estaba impregnada de rastros del animal. Y nosotros..sin darnos cuenta.
Los márgenes destruidos eran el reflejo de un jabalí hambriento que con su potente hocico movía las piedras buscando los suculentos caracoles que allí se ocultaban ( y más aun con las frecuentes lluvias de aquellos días). Lo mismo ocurría con la tierra ( llamado “hozada; hueco en el suelo que provocó la lesión a un familiar) ya que raíces, lombrices e incluso un buen baño de barro (lo que se conoce como”bañas”)…volvían loco a este animal. Para ir más lejos, adheridos a los arbustos cercanos, si te parabas a mirar, se podían ver pelos del lomo del “bicho”. Lo mismo pasaba en los troncos. Como me explicaron, el animal utiliza el rugoso tronco de los árboles para rascarse el lomo y así poder aliviar el frecuente picor del cual adolece debido a los innumerables parásitos que alberga en su cuerpo. Como era de esperar, también aquí, encontramos pelo del jabalí pegado a la dura corteza.
¿Y estas marcas que se ven aquí?-preguntó un servidor curioso como pocos para estos temas, que ya de lo fascinado que estaba veía rastros, huellas y señales hasta dentro del coche…mientras señalaba una parte del tronco con varias muescas- La respuesta fue que esas señales, esos cortes, eran producidos por los colmillos del jabalí.
Un buen día de pascua fue aquel, si señor. ¿Queremos ver o aprender cosas sobre los animales? Ya sabéis. Solo hay que fijarse y tener algo de curiosidad.
Imágenes vía: http://www.barbastella.org/mastozoologia/jabali_sus_scrofa.htm




















