Cuenta la leyenda que en el Hospicio de San Bernardo, en los Alpes suizos, los monjes del lugar criaban unos perros
enormes. Estos canes merodeaban por los alrededores hasta que se decidió darles una solidaria utilidad: el salvamento en la nieve.
Se cuenta que los monjes del monasterio adiestraron a sus perros para rescatar y proporcionar seguridad a los perdidos montañeros que por las frecuentes ventiscas o avalanchas se extraviaban de su camino.
El perro era provisto en su collar de un barril con brandy para, al encontrar a los extraviados y beber estos tal bien recibido líquido, hacerles entrar en calor debido a las bajas temperaturas que en aquellas montañas se alcanzaban. Segidamente, les conducían junto el calor de las chimeneas, mantas y hospitalidad de los monjes; para una vez pasada la ventisca o mejorase el temporal recobrar su viaje.
Hoy en día, el San Bermardo está siendo sustituido en estas labores de rescate en nieve por el Pastor alemán, el P.belga Malinois, Labradores y demás razas…de menor tamaño, no tan propensas a hundirse en la nieve y que se desplazan con mayor facilidad y rápidez en la búsqueda de la persona extraviada o sepultada.