El urogallo, Tetrao urogallus, es un ave de la familia de los tetraónidos (patas de tres dedos), y del orden de las galliformes (como gallinas, faisanes, codornices…). Esta impresionante ave se encuentra en Europa y Asia habitando bosques claros y abiertos de coníferas, cerros y montañas. En España, disfrutan de su peculiar y distinguido canto en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.
Se trata de un una gallinácea en la que el macho alcanza como máxima de 86 cm a 1′10 m. y la hembra 61-70 cm. de longitud. Se alimenta, al llevar un comportamiento de ave terrestre, de hierbas, bellotas, bayas, larvas de insectos…También muestra costumbres arborícolas y subsiste a base de agujas de los pinos y brotes.
La época de celo comienza en Marzo para acabar en Mayo. Es aquí cuando el urogallo más se hace sentir en nuestros bosques con su voz, su llamada a las hembras…su canto nupcial. Sobre todo suelen aprovechar los claros de los bosques para emitir su canto; es por eso que a estas zonas se las conoce como “cantaderos”. Su territorio de celo abarca aproximadamente un círculo de diámetro entre 50 y 100 m.
Las hembras construyen su nido en el suelo, normalmente bajo un gran árbol y ponen entre 5 y 12 huevos, los cuales incubará entre 26-29 días. Las crías serán capaces de volar una vez tengan ya las 2-3 semanas.
El urogallo prefiere el medio terrestre durante el día pero conforme desaparecen las últimas luces del sol y se adentra en la oscuridad de la inquietante noche, vuela a lo alto de un árbol para dormir al amparo de la frondosidad de este.
Es un galán con todas las letras pues se entrega a su canto en la época de celo. Tanto es así, que se dice que estas aves pierden el sentido del oído y deja de percibir su entorno quedando en una situación de clara desventaja frente a sus depredadores más comunes, como el jabalí, el zorro, el azor…y por supuesto el hombre. Es capaz de copular con 3 hembras en una mañana y exhibe un carácter agresivo llegando incluso a plantar cara con aire “gallardo” al ser humano.
En España la caza pero sobre todo la destrucción de su hábitat por medio del imparable y pandémico urbanismo le están convirtiendo tristemente en un animal “casi desaparecido” de nuestros mágicos bosques norteños.
Menos mal que su caza fue vedada en 1979 y el urogallo en 1986 pasó a ser especie protegida puesto que ahora mismo quizá hablaríamos con tristeza al saber que un animal más ha dejado de existir. Aún así no hay que dormirse ya que precaria es su situación.
Esperemos se siga escuchando y se perpetúe por siempre su voz y canto rebelde, plantando cara como hasta ahora a la incansable y demoledora extinción.


















