Las hormigas recolectoras recorren distancias de hasta 200 metros desde su nido, y suelen encontrar el camino de regreso gracias a los rastros de olor.
Algunas hormigas salen a buscar el alimento de noche. Las hormigas que salen de día en regiones calurosas y áridas corren el peligro de morir por desecación, de forma que la capacidad de encontrar con mayor rapidez el camino de regreso reduce este riesgo. Las hormigas diurnas de zonas desérticas Cataglyphis fortis utilizan referencias visuales en combinación con otros indicios para orientarse. En ausencia de referencias visuales, la especie cercana Cataglyphis bicolor, que habita en el desierto del Sáhara, se orienta recordando la dirección y la distancia que ha recorrido, como si tuvieran un podómetro interno que contara cuántos pasos había hecho en cada dirección y después procesan esta información para encontrar la ruta más corta posible de retorno al nido.
Algunas especies de hormigas son capaces de utilizar el campo magnético terrestre.
Los ojos compuestos de las hormigas tienen células especializadas que detectan la luz polarizada del Sol, que usan para determinar la dirección. Estos detectores de polarización son sensibles a la región ultravioleta del espectro luminoso.


















